Grafica a lusiva a  El ingenio voraz y los indígenas. El negocio del agroetanol
CORPORACIÓN

GRUPO
SEMILLAS


COLOMBIA

Publicaciones

Revista Semillas

Gráfica alusiva a 34/35

Edición
34/35

Revista Semillas

Suscribase por $45.000 a la revista Semillas y reciba cuatro números, dos por año

Equipo Editorial

Comité coordinador
Germán A. Vélez
Hans Peter Wiederkehr
Astrid Álvarez
Margarita Flórez
Fernando Castrillón Martha María Carmona
Director:
Germán Alonso Vélez
Editora:
Martha María Carmona R.
Fotografías:
Archivo Grupo Semillas
Publicación auspiciada por Swissaid

Contexto

El ingenio voraz y los indígenas. El negocio del agroetanol

Héctor Mondragón, Colombia, Febrero 04 de 2008, Este artículo ha sido consultado 4910 veces

Una parte importante de las grandes propiedades en el valle geográfico del Cauca fue dedicada a la agricultura comercial, destacándose la producción de caña de azúcar y soya. La crisis agrícola de los años 90 prácticamente eliminó los cultivos temporales y dejó el campo a la ganadería y la caña, la cual se ha expandido casi por todo el valle a partir del surgimiento de la producción de alcohol carburante o etanol en el último lustro. Esta es la causa de fondo del conflicto que enfrenta a ingenios y a indígenas por la tierra y a ingenios y corteros de caña por el salario y las condiciones de vida.

El gobierno ha incumplido con la reparación integral de la masacre de la hacienda El Nilo, lo que se evidencia en el actual proceso de entrega de tierras a los ingenios azucareros para la producción de agrocombustibles. En lugar de la adquisición de tierras para los indígenas, por el Ministerio del Interior, de los predios priorizados ofrecidos por sus propietarios y con estudios técnicos, varios fueron arrendados por el Ingenio Cauca INCAUCA, para sembrar caña de azúcar con destino a la producción de etanol. Entre los cuatro predios a los que se había dado alta prioridad, tres están entre los arrendados por Incauca.

Todos los discursos de los gobiernos nacional, departamental y municipales acerca de que las fincas ofrecidas no debían darse a los indígenas o sólo a los indígenas, sino que debían ser para los afrocolombianos o los campesinos, quedaron al descubierto como maniobras demagógicas destinadas a tender una cortina de humo que cubriera la real destinación que querían dar a las fincas: Incauca, para la producción de etanol; nada para los afros ni para los campesinos.

La Organización Ardila Lülle, propietaria de INCAUCA, es uno de los principales grupos financieros que operan en el país. Se originó en la industria de bebidas gaseosas (Lux, Postobón, Colombiana, franquicia de Pepsi), de la cual controla cerca de la mitad del mercado, alcanzando un alto grado de integración vertical, al extenderse a la producción de envases, tapas, líquido carbónico y azúcar y a partir de esta, alcohol, etanol y electricidad. Además tiene importantes inversiones en los sectores de comunicaciones (RCN), disquero, textil y agropecuario (Agroindustrias de Urabá, Bananal, Ganadería Hipsala, Ganadera Seguros, Cipreses, Forestales Doña María) [1] .

El 20% del consumo de azúcar en Colombia corre por cuenta de las bebidas, por lo que Ardila Lülle decidió adquirir el 15% de Manuelita [2], en 1981 se separó con su propio ingenio (INCAUCA) y actualmente se precia de ser “el productor individual de azúcar más grande del mundo”, pues controla más del 33% de la producción y del mercado [3]. Además de INCAUCA, tiene el 52% del Ingenio Providencia y al menos el 35% del ingenio Risaralda, con la Federación de Cafeteros, el estado y la Corporación Financiera de Occidente, controlada por el Citibank.

El oligopolio azucarero es completado por los grupos Caicedo (ingenios Riopaila y Castilla) y Manuelita y los aliados de este, los ingenios Mayagüez y La Cabaña. El grupo Caicedo liga su producción con la empresa Colombina, productora de confitería [4]. Manuelita es la principal proveedora de Coca Cola, y expandió sus actividades a la palma aceitera en el Meta y otros lugares de los Llanos orientales; en donde promueve un proyecto de producción de biodiesel.

Ardila Lülle el principal promotor de los proyecto de alcohol (Sucromiles) producción de etanol o alcohol carburante. Sus ingenios Cauca (Alcoquímica), Providencia y Risaralda producen el 65% del etanol colombiano a partir de azúcar, en tanto que Manuelita produce el 20% (posee además en Perú la empresa Laredo y participa de la empresa Vale de Paraná en Brasil) y Mayagüez, de las familias Holguín, Correa y Hurtado, el 15% [5].

El negocio del etanol tiene un fundamento burocrático. Aunque los precios internacionales de los combustibles han levantado la producción de agrocombustibles, los costos de producción en Colombia son muy altos, un 50% más altos que en Brasil, pero la ley 693 del 19 de septiembre de 2001 ordenó que a partir de septiembre de 2006 la gasolina en las ciudades colombianas de más de 500 mil habitantes debe contener etanol. Tal imposición sustentada con supuestas motivaciones ecológicas y sociales es decisiva, pues el costo de producción del etanol es superior al de la gasolina: Ardila Lülle vende el galón de etanol a US$ 2,40 mientras Ecopetrol vende el de gasolina a US$ 1,26 [6]. La maquinaria de las plantas para producir alcohol no paga impuestos de aduana. Una resolución del Ministerio de Minas impide que el etanol se obtenga de minerales o gases y obliga a extraerlo de biomasa [7]. Para completar, la ley 788 de 2002 exoneró al etanol del impuesto al valor agregado IVA y de los impuestos y sobretasas a los combustibles, exenciones que cuestan al estado 100 millones de dólares por año [8].

Los ingenios pagan a los empresarios productores de caña 50 mil pesos colombianos por tonelada “si es para azúcar” y 30 mil pesos “si es para etanol”. Este precio arbitrariamente fijado valiéndose de su condición de monopsonio, así como las crecientes divergencias de intereses entre los ingenios y los empresarios productores de caña, causó la salida de estos de Asocaña y la fundación de la Asociación de productores y proveedores de Caña, Procaña, así como de Azucar que agrupa a los proveedores del Ingenio Risaralda.

La firma LMC International realizó un estudio que demostró que en Colombia se paga uno de los precios más altos del mundo por hectárea de caña cosechada, 82% más que China, 75% más que en Brasil, 63% más que en Guatemala, 42% más alto que en Tailandia; 28% más que en Australia y 6% más que en Sudáfrica. El presidente de Procaña, José Vicente Irurtia informó que los precios de la tierra y particularmente en el Valle del Cauca, son de los más elevados del mundo [9]. Los grandes terratenientes se embolsillan pués por ahora una buena tajada del negocio del etanol.

La estrategia de Ardila Lülle para proveerse de caña más barata, dentro de su tradición de integración vertical, ha sido la de ampliar su capacidad para producir directamente caña de azúcar, arrendando tierras. No ha comprado tierras, porque sabe que este negocio no será de largo plazo. Y es en este plan que ha ingresado al norte del Cauca; aprovechando el incumplimiento del gobierno con los indígenas, ha arrendado varias de las fincas ofrecidas a la venta por sus propietarios, fincas que tenían estudios técnicos favorables: San Rafael, en Santander de Quilichao; García Arriba, en Corinto; y La Elvira, en Miranda. Además INCAUCA arrendó La Laguna de Santander; y la finca más disputada durante el conflicto reciente La Emperatriz.

Al ser dedicadas a producir caña de azúcar, las fincas requieren más agua. Todo el proceso de producción del etanol es altamente consumidor de agua, tanto en el cultivo de la caña, como en la planta, además del agua requerida por la concentración de trabajadores. Los administradores de las fincas arrendadas comenzaron a hacer propuestas para negociar el desvío de corrientes de agua o su canalización. Las comunidades han interpretado además que está ligado a la expansión de la caña, el proyecto de desviación del río Mondomo que corre por Caldono, hacia el acueducto de Santander de Quilichao.

La multiplicación de la caña en el norte del Cauca plantea la transformación del conflicto por la tierra en conflicto por el agua y generaría disputas que resolverían los Consejos de Cuenca. La desviación del agua de los resguardos hacia las fincas cañeras, provocaría un éxodo indígena, que sería una fuente de mano de obra para las fincas. La perspectiva de trabajo como corteros de caña no es nada halagadora para los indígenas. Unos 30 mil trabajadores no tienen contratos laborales y son explotados en condiciones del capitalismo salvaje. Los antes fuertes sindicatos de industrias han sido reducidos a lo mínimo y la contratación se hace con supuestas “cooperativas”, creadas para esconder la relación laboral y pagar al destajo y sin prestación social alguna.

Las “cooperativas” de corteros de caña comenzaron a realizar huelgas desde 2003 cuando 1.600 obreros pararon el ingenio La Cabaña y más recientemente desde el 25 de mayo de 2005 cuando 2.700 corteros del ingenio Cauca pararon labores, seguidos de otros 7 mil de Mayagüez, Manuelita y otros ingenios. El desconocimiento de la relación laboral impidió declarar la ilegalidad de las huelgas y el invento de las “cooperativas” se volvió contra sus inventores. Pero las condiciones laborales de los trabajadores de la caña siguen siendo muy malas, fue asesinado Edison Arturo Sánchez dirigente de la huelga en Castilla y además, en el ingenio La Cabaña han sido desconocidos los acuerdos con los trabajadores y despedidos los huelguistas. Ante la imposibilidad de disciplinar la mano de obra y la necesidad de incrementar la productividad, los ingenios planifican ahora la mecanización del corte, con lo cual los supuestos efectos de la producción de etanol sobre el empleo, se invertirían.

Los indígenas del norte del Cauca conocen bien la problemática de los corteros de caña y se han solidarizado activamente con sus movilizaciones. El 14 de septiembre de 2005 oyeron en asamblea a una delegación de corteros exponer sus condiciones de trabajo [10].

Tanto sacrificio de corteros, indígenas, empresarios productores de caña, y el Estado por un negocio que en Colombia, además de ser burocráticamente establecido, está limitado por los ciclos de precios del petróleo, los combustibles y la energía en general. En el período de altos precios, mucha gente tiende a pensar que el alza resulta de una tendencia. Pero si observamos la variación de los precios del petróleo a lo largo de varias décadas, tenemos claro, en primer lugar el carácter cíclico de las oscilaciones estos precios, como sucede con las oscilaciones de los precios de cualquier producto; en segundo lugar, observamos que la exageración de los movimientos cíclicos comienza desde 1974 y no porque el petróleo esté próximo a agotarse sino por motivos políticos.

El alza de 1974 fue provocada por el embargo decretado por los países árabes contra occidente, tras la guerra palestino-israelí. El fortalecimiento de la Organización de Países Exportadores de Petróleo OPEP y luego en 1979 la revolución iraní, llevaron al extremo el alza, hasta niveles de precios reales superiores a los actuales. Posteriormente la guerra entre Iraq e Irán y la venta por estos dos países de todo el petróleo que podían producir, condujeron a la crisis a la OPEP y a una caída muy fuerte de los precios. Los precios volvieron a subir en a comienzos de 1991 por la guerra del golfo, tras la ocupación iraquí de Kuwait y el subsiguiente ataque a Iraq por Estados Unidos. Luego los precios cayeron estrepitosamente hasta 1999. Los sucesos del 11 de septiembre de 2001 y la invasión a Iraq en 2003, los dispararon hacia arriba nuevamente.

En el mediano plazo, lo más probable es la baja cíclica de los precios de los combustibles, provocada por las inversiones en exploración petrolera, que ya empiezan a provocar hallazgos gigantes, como los realizados en 2007 en el mar, por China y Brasil; el cultivo de muy grandes extensiones para producir agrocombustibles en la India, China, Brasil, Africa; las nuevas tecnologías para producir agrocombustibles con bagazos o maderas y para ahorrar consumo de gasolina en los automóviles, tales como la “ignición por compresión de cambio homogéneo”, que permite consumir 15% menos de combustible [11]; la producción de vehículos eléctricos recargables, que ya se fabrican alternativos para electricidad y gasolina [12]  y desde el 2010 serán exclusivamente eléctricos [13], con cada vez mayor kilometraje entre recarga y baterías más pequeñas y fáciles de recargar, en menor tiempo; la multiplicación de proyectos para generar energía eléctrica, entre los que se destaca el Plan Puebla Panamá, centrado en la construcción de represas hidroeléctricas en México, Centroamérica y Colombia y la interconexión para conducir electricidad hasta Estados Unidos. Además, la caída de la economía en Estados Unidos, iniciada en 2007 por la crisis hipotecaria y continuada por la crisis bursátil de enero de 2008, tiende a convertirse en una nueva recesión mundial, que frenará la demanda de energía.

La única posibilidad para prolongar el alza de los precios a mediano plazo, sería una guerra en Irán que se convirtiera en guerra atómica y causara la destrucción de grandes yacimientos en el golfo Pérsico. Un posible ataque estadounidense o israelí a Irán, conjuntamente con la amenaza de invasión de Turquía al Kurdistán iraquí, han contribuido a elevar los precios. Pero si se conjuran las amenazas de guerra, los precios bajarán y si se concretan y se produce la captura de los yacimientos iraníes, la caída será extrema.

Es claro que el negocio de los agrocombustibles no es económicamente sostenible a mediano y largo plazo y constituye en cambio el clásico negocio de las economías bonanza, que tanto daño social y ecológico han hecho a nuestros países. Monocultivo, desvío de cursos de agua, contaminación con pesticidas, destrucción de biodiversidad, desplazamiento de población, que una vez clausurado el negocio ya no serán reversibles; el daño quedará hecho, para que solamente la élite del país salga beneficiada.

En el caso de Colombia la perspectiva es peor. No se podrá exportar el etanol producido con caña de azúcar por su alto costo de producción, no es competitivo internacionalmente. El país sí es exportador de petróleo y puede producir gasolina a un costo de producción equivalente a la mitad del costo del etanol. Por cada galón de etanol caro que se consuma en Colombia se exportará un galón de gasolina barato, vendido caro a los consumidores europeos o norteamericanos y NO se reducirá la contaminación de la atmósfera por la gasolina. La Unión Europea ya reconoció que no fue capaz de prever los problemas ambientales y sociales derivados de la obtención de agrocombustibles [14]  y como lo señala John Pickett, del Rothamsted Research, que participó en la elaboración de un informe de la Academia Nacional de Ciencias de la Gran Bretaña, “incrementar indiscriminadamente la cantidad de biocombustibles, puede no conducir automáticamente a la mejor reducción de emisiones” gases de efecto invernadero [15].


___________________
[1]  Sobre la estructura del grupo Ardila Lule, ver: Naranjo Ojeda, Luis Bernardo La República, Bogotá18 de diciembre de 19998, p. 3B y; Silva-Colmenares, Julio 2004 El Gran capital en Colombia: 181-218; Bogotá: Planeta.
[2]  Silva-Colmenares, Julio 1977 Los verdaderos dueños del país: 35. Bogotá: Fondo Editorial Suramérica.
[3]  Silva Colmenares 2004, p. 208-218.
[4]  Espinal, Carlos Federico; Héctor J. Martínez y Luz Stella Beltrán 2005 La agroindustria del azúcar en Colombia. Documento de Trabajo 80; Bogotá: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Observatorio de Agrocadenas.
[5]  Silva Colmenares, 2004.
[6] Serrano Gómez, Hugo 2006 “¡Qué horror!, etanol a US$ 100/ barril”; Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 20 de noviembre de 2006.
[7]  Robledo, Jorge 2004 El negocio de los alcoholes carburantes se puso en marcha en medio de una gran demagogia oficial y para privilegio de unos pocos; Debate en el Senado, 11 de septiembre de 2004.
[8]  Suárez Montoya, Aurelio 2006 “¿Quién se come el queso del etanol?”; La Tarde, Pereira, 12 de septiembre de 2006.
[9]  “Amargo debate por precio de la caña”; El País, Cali, 23 de febrero de 2007.
[10]  Asamblea y Autoridades Indígenas del Cauca 2005 Somos menos que esclavos. ACIN
[11]  Ya usada, por ejemplo en el Opel Vectra.
[12]  Como el Volvo ReCharge Concept y el Opel Flextreme
[13]  Chevrolet Volt y Lotus APX.
[14]  Morales, Juliett “Admite Unión Europea que ignoró problemas vinculados al etanol”. Prensa Latina, Londres, 14 de enero de 2008.
[15]  “Europa podría prohibir importación de algunos cultivos para producir biocombustibles”. El Tiempo, 14 de enero de 2008.

Publicado en Febrero 04 de 2008| Compartir
compartir en facebook compartir en facebook

Recomiende este contenido

Los campos marcados con (*) son obligatorios






Do not fill, please:

Grupo Semillas

Calle 28A No. 15-31 Oficina 302 Bogotá Teléfono: (57)(1) 7035387 Telefax: (57) (1) 2855728 Bogotá, Colombia. semillas@semillas.org.co
Sitio web desarrollado por Colnodo bajo autorización del Grupo Semillas
MAPA DEL SITIO | CONTACTENOS