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Publicación auspiciada por Swissaid

Experiencias locales

Las fuentes semilleras de la serranía de Abibe

Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó; Carlos Javier Pérez Sánchez ; Benjamín Castaño M., Enero 30 de 2006, Este artículo ha sido consultado 7248 veces

La serranía de Abibe constituye la prolongación final de la cordillera occidental al no­roccidente de Colombia. Punto natural de encuentro entre el Caribe y el Pacífico colombiano con Centro­américa, donde viven los indígenas Embera Katío, quienes de manera ancestral han coexistido con el bosque y lo han enriquecido con sus prácticas tradicionales. Este binomio gente - bosque, ha garantizado que se conserve un corredor de vida y de “servicios” en medio de una de las colonizaciones más fuertes en el trópico húmedo del continente americano: la transformación de las tierras húmedas de cativales3en el eje bananero y ganadero de Urabá.

La apropiación del territorio de Ura­bá, ha constituido el desarrollo de fuertes conflictos no sólo políticos, económicos y sociales, sino también de tipo ambiental que se expresaron en la sustitución de la cobertura de bosques de catival en las zonas de planicies marino - aluviales, cambios en el drenaje, agotamiento del agua y la degradación de los suelos por pastoreo en la zona de piedemonte de la serranía de Abibe.

<p align="right">Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó<br />
Carlos Javier Pérez Sánchez (1)Benjamín Castaño M. (2)

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La zona montañosa y escarpada, conocida como la serranía de Abibe fue el sitio donde finalmente se refugió la comunidad émbera. Comprende formaciones vegetales de bosque húmedo y muy húmedo tropical (bh-T, bmh-T), con temperatura promedio de 27,3ºC y lluvias entre los 2.795 y los 4.208 m.m. anuales, factores por los que se considera como la más importante reserva reguladora del clima y la principal fuente abastecedora de agua para la región de Urabá. Por su carácter estratégico, poco a poco fue asumida entonces como la despensa de agua y vida para una población que supera los 600.000 habitantes. Sin excepción, todos los sectores cívicos y económicos de la región avocan por propuestas para su explotación, sin importar las expectativas e intereses de las comunidades indígenas, es así como desde el Estado, Corpourabá (la entidad ambiental que regula las acciones para la gestión ambiental), las alcaldías, la propia gobernación del departamento y los gremios económicos, especialmente los made­reros, los ganaderos y los bananeros, han puesto los ojos principalmente en esta serranía, solo para satisfacer sus necesidades de madera y agua. Por su parte los indígenas no han recibido ninguna contra­prestación por su conservación y manejo.

En ese contexto, los bosques de Urabá, titulados en gran parte a las comunidades indígenas, han sido sometidos a prácticas inadecuadas para la ampliación de la frontera agrícola, a la explotación forestal, mediante la tala selectiva e indiscriminada de las especies de mayor valor comercial. Por esos motivos las comunidades embera organizadas en forma de cabildos, han estudiado estrategias y mecanismo para garantizar su pervivencia en la Serranía, lo cual incluye por supuesto asegurar la vida de los bosques. Ese ejercicio de gobierno, les ha permitido comprender que solo a través del ordenamiento del territorio de Abibe, del manejo comunitario de los bosques y de la biodiversidad será posible lograrlo, y que sus expectativas de desarrollo deberán fundamentarse en sacarle el máximo provecho al conocimiento básico y aplicado, para construir propuestas sustentadas en prácticas sostenibles que respeten y aumenten el valor de sus bosques, y que a su vez generen nuevas alternativas para el beneficio de todas las comunidades locales.

 

El programa de fuentes semilleras

La propuesta de las Fuentes Semilleras surgió de la unión del Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó y la Fundación Suiza de Cooperación al Desarrollo (Swissaid Colombia), con el propósito de dar un respaldo a los esfuerzos de las comunidades por acometer un proceso de ordenación territorial iniciado años antes con el proyecto Serranía de Abibe, el cual se quedó en su etapa de formulación. Esto, en la perspectiva de articular propuestas a la ordenación forestal de tipo comunitaria y territorial de los resguardos. La propuesta que permitiría aglutinar todos los intereses comunitarios se denominó “las fuentes semilleras de especies forestales de la Serranía de Abibe”. Por su efecto al proyecto se sumaron la Corporación para el desarrollo sostenible del Urabá (Corpourabá), entidad encargada de velar por la gestión ambiental en la zona, y el SENA, con la participación de tres (3) estudiantes de pasantía a través del Programa de Técnicos Profesionales en Manejo de Bosques.

Es así como en el Cabildo Mayor Indígena de Chigo­rodó adoptamos en nuestro plan con las comunidades, esta estrategia para el control territorial y la conservación de los ecosistemas forestales y específica­mente de especies nativas disminuidas en los bosques indígenas de Urabá, consistente en aprovechar el bosque de la serranía bajo formas antagónicas a la explotación forestal irracional imperante en la zona, utilizando la capacidad de producción de los bosques y la protección in situ de especies que deben ser conservadas por su importancia ecológica dentro del ecosistema y por su significado sociocultural conjugadas con un alto valor comercial; lo que las convierte en especies potenciales para emprender programas para el manejo, conservación y comercialización de semillas forestales, con un claro enfoque social.

 

Enfoque y metodología

El enfoque de partida fue considerar que “La semilla constituye una de las formas más importantes de germoplasma primario, y que a partir de ella se lleva a cabo la regeneración natural de los bosques”4, pero de manera especial, entender que para nuestras comunidades embera, la vida de los bosques es también asunto vital para la cultura y que por esa razón debemos hacer los esfuerzos necesarios para garantizar nuestra permanencia, así como para asegurar la soberanía territorial por las autoridades y las comunidades indígenas.

En cuanto a la propuesta metodológica, se tenían cinco fases integrantes, entre las que se destacaron: sensibilización y concertación comunitaria, prospección de los bosques colectivos, capacitación técnica, monitoreo y apertura de espacios de comercia­lización. Previo al inicio del proyecto, las comunidades concertaron los mecanismos y la metodología a implementarse en las etapas de prospección y capacitación técnicas, a través del consenso en las asambleas locales y generales del cabildo, los cuales son de tipo permanente en esta asociación de Cabildos de Urabá.

Ya para la etapa de prospección territorial y capacitaciones de campo, establecimos ciertos criterios para facilitar su ejecución. En cuanto a las poblaciones objeto y a pesar de que la vegetación de la Serranía se compone de una alta diversidad florística, se tenían antecedentes de la existencia de ciertas especies que cumplían estos requisitos, razón por la que se seleccionaron un grupo de ellas para dar inicio al proyecto. Las comunidades identificadas para la ejecución del mismo fueron los resguardos de Yabera­radó y Polines, allí se comenzó la prospección territorial en búsqueda de especies como el abarco (Cariniana pyriformis), el algarrobo (Himenaea cour­baril), el cedro güino (Carapa guianensis), el nazareno (Peltogyne purpurea), el tamborero (Schizolobium parahyba) y el bálsamo (Myroxylon balsamum). Mediante esta fase se identificaron, alinderaron y caracterizaron las áreas más potenciales para la producción de germoplasma siempre en bosques de dominio colectivo. Estas áreas se denominaron las Unidades de Manejo Forestal Sostenible (UMFS). En cada una de ellas los árboles semilleros fueron marcados y medidos, creando una base de datos geo­referenciadas y mapificadas, con el fin de facilitar su investigación, monitoreo y permanente evaluación.

Para cada una de estas áreas formulamos entre las comunidades y los técnicos, los principios y linea­mientos generales para la construcción de sus respectivos planes de manejo, los cuales orientan el desarrollo de las actividades silvícolas tanto de las UMFS como de las propias especies durante todo el año y los periodos de producción, cosecha y transformación para la distribución al mercado. Igualmente, se plantearon dentro de estos los monitoreos de los estados vegetativos de las especies relacionados con su productividad (monitoreo fenológico). Para facilitar el monitoreo fenológico se elaboro un afiche alusivo a su ejecución por parte del personal comunitario.

La etapa de capacitación técnica y de intercambio de saberes tradicionales y científicos, comprendió los temas básicos como: la silvicultura de las especies, de los rodales identificados, la estructuración de los planes de manejo, las técnicas y procedimientos para la recolección tratamiento, embalaje y almacenamiento de las semillas colectadas, el manejo de registros de monitoreo y trazabi­lidad se las semillas (seguimiento de origen). Adicional­mente, con el fin de aumentar la seguridad de las operaciones forestales en la recolección de semillas, se adquirió un equipo completo para el escalaje de árboles de gran porte, para su uso adecuado se realizó un curso especializado para el manejo de los equipos y normas de seguridad operacional.

Para la etapa de comercialización, se adelantó un estudio de caso sobre el mercado de semillas forestales a nivel zonal, regional y departamental (Antioquia) y se establecieron contactos comerciales con casas matrices distribuidoras de semillas, reforesta­do­res y particulares tanto en Medellín como en Bogotá. Se identificaron las especies más promisorias en cuanto al comercio, su estado de conservación y sus precios de venta, con el propósito de establecer medidas adicionales de control y manejo, caso abarco Cariniana pyriformis y se comercializó un volumen importante de semillas de reforestación y uso artesanal. Para las especies de menor valor comercial como las de uso artesanal, se puso en operación un plan complementario de capacitación dirigido a las mujeres, acerca de técnicas de diseño de artesanías a partir de la mezcla de materiales como hilos trenzados, semillas, cáscara de coco y hueso. En total se realizaron cuatro módulos de capacitación con personal experto en el tema.

De las semillas colectadas, parte de ellas se utilizaron para los análisis de laboratorio, pruebas que fueron realizadas en el Laboratorio de Semillas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. Finalmente, dentro del proceso de gestión de las fuentes, y luego del proceso de prospección y de determinación de las UMFS, se llevó a cabo el registro ante la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (CONIF), entidad que evaluó en campo las características de los individuos seleccionados y certificó igualmente su calidad e importancia, pues se trata de poblaciones locales, cuyo valor genético es prioritario conservar.

 

Las principales enseñanzas

El alcance del proyecto rebasó todas las expectativas que se habían planteado inicialmente, tanto por parte de las autoridades locales y las entidades de apoyo, generando algunas acciones importantes en cuanto al tema del ordenamiento territorial en los territorios indígenas de la serranía, el reafirmamiento de la soberanía indígena sobre la serranía, y una propuesta para el manejo de la biodiversidad local por parte de estos, que le muestra a Urabá los esfuerzos que realizan los pueblos de Abibe, guardianes del agua y la vida. Para los indígenas es urgente que Urabá adopte mecanismos y medidas especiales para el manejo ambiental de la región, y que paguen por la enorme deuda social que tienen con los indígenas de Abibe, por la utilización de sus bienes y servicios, y también por la conservación de la cobertura que realizan, lo que ha permitido la protección de los bosques en estado natural.

Los efectos más importantes del proyecto han sido: 

•   Crear una conciencia tangible y generar un espacio de reflexión en torno a las amplias probabilidades que brindan los bosques naturales de la región por parte de las comunidades y autoridades indígenas; los cuales no solo son reservas de madera sino una importante fuente de biodi­versidad de amplio uso a nivel local, que genera bienes y servicios ecológicos, culturales, sociales y económicos para toda la región, por lo que se debe asegurar su dominio a través del manejo territorial.

•   Articular un proceso de separación de los bienes colectivos y particulares, los primeros versus el uso y beneficio personal en contra de los comunitarios. Esto obligó un espacio de concertación entre corteros de madera y miembros de las comunidades, estableciendo niveles de comunicación y mediación para detener los cortes de madera, especialmente de las especies bajo régimen de manejo en territorios colectivos. Se prohibió tajantemente el aprovechamiento de estas especies.

•   Posibilitó a las comunidades un punto de encuentro y la formación de unos grupos especiales que han tomado un impulso importante, beneficiando a la niñez, la juventud, las mujeres mayores, e incluso a hombre adultos, que también han participado en los talleres de artesanías por propia iniciativa. Se cuenta con los grupos que recolectan y tratan las semillas, el de artesanías y el de promotores de producción que acompañan y dirigen las actividades.

•   Marcó el camino para emprender el proceso de ordenación de los territorios indígenas, asignando opciones de uso y planteando estrategias de manejo para algunos predios colectivos y las masas forestales, mediante una alternativa que protege y conserva el estado del bosque y de la población forestal, y genera recursos económicos para apoyar el proceso organizativo del cabildo Mayor. Las primeras fuentes semilleras registradas comprendían 480 hectáreas.

•   El proceso sirvió para identificar las potencialidades de los territorios de uso colectivo dentro de los resguardos indígenas, así como una serie de productos forestales claves para el planteamiento de alternativas productivas, alimentarias y de comercio a nivel regional, sobre las cuales se deben llevar a cabo estudios e investigaciones para determinar su potencial para las comunidades indígenas, en términos de uso y comercio.

•   La experiencia se encuentra en una fase de replicación en otras comunidades de la serranía, lo que ha permitido que la población de árboles protegidos haya aumentado considerablemente y con ellos las medidas de control y de dominio comunitario. Los propios cabildos locales y mayor, han adicionado recursos de los ICN para la adquisición de equipos, y también se han destinado los fondos generados de la comercialización a tales propósitos.

 

Obstáculos sobre la marcha

•   Las principales dificultades se plantean más desde la necesidad de contar con mayores recursos económicos que faciliten el apoyo técnico, la adquisición, la dotación de equipos y la construcción de infraestructura propia para atender todo un programa de producción y comercialización de semillas forestales, así como para el manejo, monitoreo, estudio e investigación de los bosques tropicales de la serranía de Abibe; especialmente de las fuentes semilleras, donde se requiere un flujo permanente y constante de capital y conocimiento como valor agregado. Estas necesidades se tornan más críticas cuando se trata de especies amenazadas ecológicamente, y son las preferidas por los corteros furtivos.

•   Otro aspecto crítrico, se debe a que los frentes de colonización de los “blancos” siguen avanzando, irrespetando los predios indígenas y sus recursos. Constantemente, se registran la aparición de árboles demarcados, para los cuales debe aumentarse la vigilancia, para evitar su corta y extracción por parte de los colonos.

•   En un ámbito más político y económico, existe la posibilidad con la firma del TLC, abran las puertas a la amenaza sobre el material genético de la biodiversidad, el cual es fácilmente de obtener directamente de la semilla, como portadora directa de dicho material. Para contrarrestar esta situación se deben elaborar unos protocolos de protección genética, que aseguren en cierta forma la propiedad y los derechos consuetudinarios de las comunidades a perpetuidad, sobre sus recursos genéticos.

 

Conclusiones generales

Para nosotros es indiscutible que el proyecto de fuentes semilleras a traído innumerables beneficios a la población local, desde cualquier punto de vista; por esta razón no debe ser mirado solo desde la perspectiva económica, sino que por el contrario debe ser tratado bajo un enfoque más racional, que responda al manejo ecosistémico y que sirva como un generador de oportunidades y para la construcción de alternativas que beneficien de las comunidades locales, especialmente de los sectores de población más vulnerables a la migración y a la violencia.

Igualmente, nos plantea una obligación para con las comunidades futuras, en el sentido de formular unas políticas propias para el manejo de los bosques y los recursos naturales de la serranía de Abibe, primero que todo si queremos garantizar nuestra supervivencia, y segundo porque debemos establecer unos marcos de acción para consolidar un sistema propio de administración y control de la serranía desde el punto de vista ambiental.

Nosotros, los indígenas estamos realizando los mayores esfuerzos para conservar y proteger a la Serranía de Abibe, con el apoyo de ciertas entidades oficiales y ONG, quienes comprenden la dimensión de nuestras acciones, pero se requiere más apoyo económico, logístico y técnico para desarrollar esta iniciativa con mayor profundidad, así como el reconocimiento público de los diferentes sectores de Urabá y el replanteamiento de acuerdos para la protección especial de la Serranía de Abibe.

El programa de fuentes semilleras ha demostrado las diversas opciones de manejo que tienen nuestros bosques colectivos, así como las potencialidades de muchos productos del bosque que pueden asegurar bienes y servicios a nivel local, e igualmente pueden generar excedentes económicos. Se ha rescatado para la memoria, nuestra capacidad para hacer muchas cosas acerca del manejo del bosque y sus productos, con la prioridad de asegurar nuestro bienestar y progreso con cara al futuro, contribuyendo a la conservación de los territorios y recursos forestales, junto con la solución de necesidades locales.

 

[1] Técnico Forestal  Cabildo Mayor Indígena de Chigorodó.  C.e: carjapesan@yahoo.es

Consultor Forestal Fundación Swissaid Colombia. C.e: programatdg@swissaid.org.co

3 Asociación vegetal dominada por la especie Prioria copaifera (cativo) muy característica de la región de Urabá.

4 Rodríguez R., J. Protocolos de germinación para la certificación de semillas forestales. Serie técnica No. 46.

Publicado en Enero 30 de 2006| Compartir
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