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Experiencias Locales

La geopolítica de los agrocombustibles; y el Manifiesto por el des–desarrollo : El camino que proponemos Desde el sur

Red para una América latina libre de transgénicos y African Center Biosafety, Febrero 04 de 2008, Este artículo ha sido consultado 1352 veces

La geopolítica de los agrocombustibles

Este manifiesto presenta las implicaciones que generan el modelo de los agrocombustibles y se obtuvo como conclusión de la reunión de trabajo de las organizaciones del Sur convocadas a discutir sobre los agrocombustibles frente al reto del “desarrollo” en una sociedad post-petrolera; realizado del 27 de junio al 1 de Julio de 2007 en Ecuador.

En esta reunión, se discutió acerca del significado de los agrocombustibles y se evidenció la instalación de una nueva geopolítica global que se enmarca en los siguientes puntos:

1.    La propuesta política de los movimientos de resistencia es la “Defensa de la soberanía alimentaria”.
2.    La industrialización del agro es consustancial a la expulsión del campesino y se construye sobre un modelo de agricultura sin gente.
3.    No son aceptables las respuestas tecnológicas como las semillas transgénicas para producción en cantidad de agrocombustibles.
4.    Las soluciones a la crisis energética debe ser promocionada por el ambientalismo, más no por las condiciones del mercado.

Los representantes del Sur Global, tomaron posiciones que hacen referencia a la geopolítica de los agrocombustibles:

•    Primera. La actual dependencia mundial de combustibles fósiles se satisface mediante una geopolítica de guerra. Se aclara categóricamente y sin ninguna ambigüedad, que la energía nuclear es inaceptable, y sobre esta posición no existen negociaciones.
•    Segunda. La geopolítica de los agrocombustibles impone un reordenamiento territorial a nivel global. Este reordenamiento significa, en primera instancia, la desterritorialización de cultivos alimentarios para la producción de insumos energéticos, con los impactos en cadena sobre toda la economía.
•    Tercera. Respecto de las grandes rutas de los agrocombustibles, se identificaron las siguientes grandes rutas como centrales de flujo de agrocombustibles desde el Sur:

  1.  El abrazo del etanol: Brasil, Estados Unidos y el corredor de América Central.
  2. De granero del mundo a refinería global: La soja transgénica en Argentina y el Cono Sur.
  3. La amarga historia del aceite de palma: Las plantaciones de palma en ecosistemas naturales y territorios indígenas.
  4. África en la vía hacia un mayor saqueo: Del número de actores relacionados con la promoción de agrocombustibles en África y Brasil se perfila como el más estratégico y rapaz.

Ver documento completo en:

http://www.accionecologica.org/index.php?option=com_content&task=view&id=813&I temid=7653

 

Manifiesto por el des–desarrollo :
El camino que proponemos Desde el sur

Los agrocombustibles y toda la generación de energía a través de la biomasa tal como viene siendo promovida por gobiernos, corporaciones, agencias de ayuda, las Naciones Unidas, las instituciones financieras internacionales y demás agentes interesados en su producción a gran escala y en su comercio internacional- no cambian, sino que perpetúan el modelo de producción y consumo de la civilización moderna, urbana y industrial que ha generado inequidad, guerra, destrucción ambiental.

 

El ocaso de la civilización petrolera y la reproducción del capitalismo

La reproducción del estado actual de la civilización occidental depredadora, cuya forma es el neoliberalismo globalizado, tiene como base material al petróleo.

Todas las fuerzas motrices detrás de la producción, circulación y comercialización global de mercancías dependen de los hidrocarburos: la industria hidrocarburífera en si misma, la industria agroalimentaria, las compañías farmacéuticas, de fibras textiles, las industrias involucradas en la producción de detergentes, cosméticos, explosivos, celuloide, plásticos en general, materiales de construcción, embalajes, electrodomésticos, etc. De la misma forma, el transporte global de personas y materiales, la movilidad y velocidad con la cual los trabajadores y los productos se mueven y son intercambiados alrededor del globo, dependen también de los combustibles fósiles, ya sea por la dependencia que se ha creado en torno al automóvil; por la manera como se han diseñado, construido y expandido las megalópolis, o por la forma de ocupación del espacio urbano y otros territorios.

La demanda de energía y materias primas para suprimir y mantener el patrón de vida de las sociedades del Norte, traducida cotidianamente en alimentación, vestuario, vivienda y movilidad es la que da carne y cuerpo al ideal universal de estilo de vida, bienestar y “progreso” promovidos agresivamente a través de la globalización como un patrón universal para la humanidad.

En el actual paradigma de “crecimiento” orientado hacia la integración del mercado y el comercio global, los agrocombustibles son impulsados como substitutos paulatinos del petróleo para mantener patrones ambientalmente insustentables de producción y consumo del Norte. Frente a eso, entendimos que el estilo de vida promovido por el Norte y las elites del Sur y que alcanza su máxima expresión en el llamado “American way of life” es lo que debe ser transformado. Son los principales consumidores de energía, Estados Unidos junto con Europa Occidental y a quienes se suman hoy, China y las elites minoritarias del Sur.

China, la gran fábrica del mundo, reproduce el modelo de producción y consumo creado por el Norte, al tiempo que abastece al mercado mundial, sobretodo del Norte, con todo lo que éste consume. Entendemos que el modelo de crecimiento de China no es un modelo para el Sur.

La materialidad de todo lo que hace parte de la vida cotidiana de los países “desarrollados”, promocionados al mundo como modelo universal de bienestar material, calidad de vida y progreso humano, depende enteramente de una demanda energética y ecológica irracional, construida históricamente a través del saqueo continuo de la naturaleza y los pueblos del Sur. Para el Sur del mundo este modelo “petrolero” permitió perpetuar el intercambio desigual, la dependencia tecnológica, el endeudamiento, el empobrecimiento de los pueblos, el despojo de sus territorios y la desacralización de sus lugares sagrados. Hemos experimentado, desde el SUR, que el patrón de vida que la minoría del planeta disfruta, se mantiene con la explotación de la Naturaleza y el trabajo humano, para alimentar los flujos de mercancías y servicios que han causado históricamente los cambios climáticos, el calentamiento global y la dominación colonial del Norte sobre el Sur.

Nuestra respuesta a la falacia del balance energético positivo de los agrocombustibles es la verificación histórica de la devastación ecológica y social generada por la Revolución Verde –petrodependiente – y con los efectos imputados a la agricultura industrial, que ha resultado en la pérdida de 75% de la biodiversidad a lo largo del último siglo, según la FAO; además de haber promocionado la desarticulación de las agriculturas y mercados locales para imponer el sistema agroalimentario mundial a través de las corporaciones que controlan la cadena productiva con la mayor concentración de poder en el mundo - los agronegocios.

Entendemos que la única forma de superar la crisis climática y energética que amenaza definitivamente la continuidad de toda la vida en el planeta es la superación del capitalismo.

La transición hacia una sociedad post-petrolera y un nuevo sentido del “desarrollo”, en la construcción de una Vía de superación del capitalismo, será sobre bases ecológicas; o no podrá ser.

La cuestión energética, así como la producción de alimentos, son los ejes concretos e indivisibles de resistencia y de construcción de otro proyecto de sociedad, y de nuevas relaciones de intercambio entre los pueblos de la humanidad, y de estos con la naturaleza; y así subvertir –de facto– la lógica colonial y de subordinación.

Acordamos que la lógica política de la nueva sociedad global en esta ruta de transición –y la estrategia de autonomía de los pueblos sobre sus territorios– deberá orientarse a partir de la premisa central de garantizar la Soberanía Energética en acuerdo y complementariedad con la defensa radical de la Soberanía Alimentaria.

Por lo tanto, el único debate consecuente sobre agrocombustibles debe enmarcarse en un nuevo paradigma de des-desarrollo que incluya una transformación estructural radical de toda la economía y de nuestro estilo de vida y el desmantelamiento del macro sistema energético que sustenta y garantiza el poder global.

Son ejes del des-desarrollo:

•    Des-urbanizar, para restituir la existencia de la población a escala humana, supliendo las necesidades en el mercado local y con fuentes de energía locales.

•    Des-globalizar el comercio y el transporte de mercancías, sobre todo agrícolas y alimentarias, para atacar la principal fuente de consumo de combustibles líquidos: los camiones refrigerados que transportan toda la cadena de carnes y lácteos, los aviones que transportan flores y frutas tropicales; los gigantescos navíos cerealeros movidos a diesel para llevar soja a Europa y a China, etc.; que generan un flagrante balance energético negativo, y que sostiene el discurso ilusorio del “crecimiento”.

•    Des-tecnologizar la producción de alimentos, a partir de tomar a los sistemas productivos como agroecosistemas donde la biodiversidad y la nutrición adecuada de los suelos reemplacen a las tecnologías puntuales y contaminantes de derivadas del petróleo.

•    Des-petrolizar la economía, la mejor política contra el cambio climático es la eliminación de los combustibles fósiles, dejando el petróleo y el gas en el subsuelo. Eso no debe confundirse con soluciones ficticias como el “descarbonizar la economía” o sea, promocionar el mercado de carbono, los mecanismos de desarrollo limpio y la implementación conjunta que perpetúan el modelo petrolero destructivo, bajo la lógica del mercado.

•    Des-centralizar la generación y distribución de energía, a través de tecnologías que no recreen la dependencia, y que garanticen el abastecimiento de acuerdo a las necesidades de la población local, lo que se diferencia de promover la privatización de la energía, aun de fuentes “alternativas” bajo el argumento de “proveer acceso de energía para los pobres”. En otras palabras: recuperar y defender el principio de la energía como un servicio y no un negocio y una mercancía ofrecida en el mercado. En esta línea de argumentación debe construirse la Soberanía Energética.

Publicado en Febrero 04 de 2008| Compartir
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