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Maíces criollos de Colombia (Beatríz Bermúdez)
Obra contraportada:
Niños de la costa Atlántica colombiana (Astrid Álvarez)
Publicación auspiciada por Swissaid

Contexto

El maíz transgénico: Una amenaza al patrimonio genético del país y a la soberanía alimentaria

* Grupo Semillas: Tel (1) 2855728, Colombia, Enero 19 de 2005, Este artículo ha sido consultado 16409 veces

En países tropicales con alta diversidad de maíz como Colombia, existen mayores riesgos y amenazas que en países del Norte respecto a la introducción de maíz transgénico. Son evidentes las repercusiones y los impactos que estos cultivos y alimentos modificados genéticamente pueden generar. A continuación, se muestran algunas posibles implicaciones que tendría la introducción del maíz transgénico en los agroecosistemas de Colombia.


Impactos ambientales del maíz transgénico

·  Contaminación genética de las razas del maíz criollo de Colombia

El maíz es una planta de polinización cruzada. El polen es viable 24 horas y es dispersado por el viento y los animales. Una planta de maíz libera14 a 50 millones de granos de polen. Varios estudios realizados sobre la distancia a la cual el polen de maíz es transportado por el viento muestran que con vientos lentos a moderados se presenta alta concentración de polen a 1m de la fuente. 2% llega a 60m; 1,1% a 200m,  0,5% a 500m y 0,2 % a 800m. Si es transportado por insectos: el polen viaja varios kilómetros. Con vientos fuertes el polen puede viajar hasta a 180km (J. Embarling Soil Association, 1999). La Agencia Europea de Medio Ambiente, 2002, considera que el maíz tiene «riesgo medio a alto» para transferencia de genes hacia otras plantas de la misma especie. Adicionalmente el Instituto Tecnológico de Gestión Agraria de Navarra (España), encontró dispersión de polen de maíz a distancias por lo menos de 500m. Un estudio de la Unidad Nacional de Investigación sobre polen del Reino Unido, 2000, señaló que el porcentaje de flujo de polen y cruzamiento de maíz que se presenta a una distancia de 600m es de 0,8% y a 800m de 0.2%.

Estos datos evidencian el peligro real que existe de que el polen del maíz transgénico pueda contaminar variedades nativas de los centros de origen, como se presentó en México. También la contaminación de las variedades locales y convencionales de países como Colombia, que son centros de diversidad del maíz, como es el caso de Colombia.

Para el caso de México, Varios análisis han mostrado que gran parte de las semillas nativas de las comunidades indígenas y campesinas están contaminadas con maíz transgénico importado de Estados Unidos. Esta situación ha generado una fuerte movilización y rechazo por parte de las organizaciones de México, mediante campañas y acciones en defensa de la «cultura» del maíz.

Colombia presenta gran diversidad de maíces nativos, de los que se han referenciado cientos de variedades pertenecientes a 23 razas, especialmente en la región Caribe y en la región Andina, que son las áreas donde las comunidades indígenas y campesinas las han conservado y manejado (por ejemplo: maíz azulito, cariaco, negrito, piedrita, ojo de gallo, diente caballo, clavito, montañero, puya y chamí, entre otros.) Estos maíces han sido la base fundamental para la soberanía alimentaria, especialmente de las poblaciones rurales. Uno de los principales peligros que tendría introducir maíz transgénico en Colombia, es que los genes modificados genéticamente, se transfieran hacia las variedades criollas y las contaminen, perdiéndose así las características originarias de este importante patrimonio genético del país. 

El maíz RoundUp Ready (RR) ha sido modificado genéticamente para expresar tolerancia al herbicida glifosato de Monsanto. Una de las mayores preocupaciones de liberar este maíz en Colombia, es la  transferencia de los genes que dan esta característica de resistencia, hacia los maíces criollos o hacia las malezas de gramíneas cercanas a esta especie, lo que podría generar nuevas malezas resistentes a herbicidas. Sería casi imposible impedir que esta situación se presente, tanto por condiciones ambientales o por el uso, manejo e intercambio del maíz que realizan las poblaciones rurales. Una vez el maíz transgénico circule libremente dentro del país, bien sea vía alimentos importados o a través de cultivos comerciales, no es posible realizar un control que evite el ingreso de este tipo de maíz a las diferentes regiones y comunidades en las cuales se siembra maíz e inevitablemente, tarde o temprano sus variedades criollas serán contaminadas.

El maíz Bt es una variedad a la cual se le ha introducido genes de una bacteria del suelo llamada Bacillus thuringiensis. Esta bacteria produce una toxina que controla algunos insectos plaga de la familia Lepidóptera. Cuando se libera comercialmente un cultivo de maíz Bt en un país como Colombia, podrían ocurrir varios eventos, entre los que podremos enumerar: las plagas podrían adquirir la resistencia a la toxina Bt, debido a la exposición permanente a la toxina (durante todo el ciclo de cultivo). Esto ya ha ocurrido en la agricultura convencional debido al abuso de insecticidas, problema que podría agudizarse con el uso masivo de los cultivos Bt.

La toxina Bt, en las condiciones de un cultivo transgénico se encuentra permanentemente en la planta. Esto quiere decir que la planta se convierte en un bioplaguicida, que se produce durante todo el ciclo del cultivo y en una mayor concentración que cuando dicha toxina es aplicada de forma asperjada. Además, estamos hablando de la capacidad que tiene la toxina de autoreproducirse dentro de un ser vivo que se transmite de una generación a la siguiente. Por lo anterior, las autoridades competentes en materia de bioseguridad, tanto en Estados Unidos como en Europa, requieren una evaluación mucho más estricta para los cultivos Bt con respecto a otro tipo de cultivos transgénicos.

Otro evento que podría ocurrir con un cultivo Bt es que al controlar una plaga primaria, las plagas secundarias que no son controladas por la toxina del cultivo se conviertan en plagas principales. Esto ocasionaría que se tenga que utilizar mayor cantidad de insecticidas para su control, situación ya ocurrida en la China con el cultivo de algodón Bt luego de 5 años de cultivo y evaluación, entre 1997 a 2001 (Xue, 2002).

Además, las toxinas que producen estas plantas, pueden afectar a los insectos benéficos que ayudan al control de plagas en los cultivos. En Suiza, un experimento con larvas de Crisopa carnea reveló que la mortalidad de éstas se duplicó cuando consumieron larvas de taladradores alimentados con maíz Bt de Novartis (Environmental Entomology, Vol 27 Nº2). En el Reino Unido, en un estudio con coccinélidos, que son controladores de plagas, se encontró que fueron afectados por la toxina Cry 1Ab en maíz Bt (Entomology scl Vol 36 Nº2). Adicionalmente, pueden existir impactos sobre los microorganismos del suelo a partir de los residuos de cosecha y exudados en el suelo de los cultivos Bt. En el mundo, no se han realizado estudios suficientes que evalúen estos posibles efectos y su impacto en los ecosistemas (Deepak, 1999). Un estudio realizado en la Universidad de Nueva York encontró que la toxina Bt permanece activa en el suelo hasta 234 días (Soil biology and biochemistry, 1998 Vol 30 Nº4). Igualmente en Estados Unidos un estudio llevado a cabo por Koskella, J., y Stotzki G., 1997 en applied Microbiology, demostró que la toxina Bt tiene efectos tóxicos en la lombriz Lumbricus terrestres.

 

Incremento en el consumo de agroquímicos

La industria promueve los cultivos transgénicos como «más productivos y rentables». Argumenta que estos cultivos van a disminuir significativamente el consumo de plaguicidas y herbicidas. Sin embargo, luego de un tiempo, especialmente a mediano y a largo plazo, en los cultivos Bt las plagas empiezan a desarrollar resistencia a la toxina, lo que obligaría a los agricultores a volver a depender de los plaguicidas que son producidos por las misma empresas que desarrollaron estas tecnologías. Adicionalmente, los cultivos Bt sólo controlan algunas plagas específicas, pero en muchos casos no controlan otras plagas que son importantes en los cultivos, lo cual obliga a los agricultores a aplicar altos volúmenes de insecticidas para su control.

Para el caso de cultivos resistentes a herbicidas (RR), tanto en Estados Unidos como en Argentina, la siembra masiva de cultivos de soya RR ha aumentado fuertemente el consumo de Glifosato. Por ejemplo, en Argentina se pasó de aplicar un millón de litros de glifosato en 1990 a 120 millones en 2003; la mayoría utilizados en el cultivo de soya RR (Pengue, 2003).

Otro argumento de la industria a favor de la rentabilidad de estos cultivos es que los agricultores ahorrarían dinero al no tener que utilizar pesticidas; pero la empresa dueña de esta tecnología obliga a los agricultores a pagar las regalías por el uso de dicha tecnología. De manera que lo que ahorraría el agricultor en la aplicación de plaguicidas, se lo cobraría la empresa por el uso de esta tecnología, a través de un rígido contrato que debe firmar el agricultor con la empresa.

 

¿Cómo se podría afectar la salud humana y animal?

Una de las mayores preocupaciones con respecto a los alimentos transgénicos, son los efectos desconocidos que pueden generar sobre la salud. El problema para Colombia es que el maíz es utilizado principalmente como fuente fundamental de alimentación humana, a diferencia de Europa y EEUU. En estos países la mayor parte del maíz se utiliza para la alimentación de animales y para elaborar productos industriales. Razón por la cual en dichos países, las evaluaciones de riesgos sobre la salud humana son realizadas bajo parámetros que se ajustan a sus necesidades y prioridades. Para el caso de Colombia y de países ubicados en otras condiciones ambientales y contextos sociales y donde además existe una limitada capacidad de control de nuestras autoridades competentes, es inaceptable que se extrapolen conclusiones de bioseguridad obtenidas en los países del norte, para un producto transgénico específico.

En el caso del maíz transgénico, la preocupación con respecto a los efectos sobre la salud, radica principalmente en su construcción. En el proceso de la transgénesis se utilizan genes promotores y vectores que provienen de segmentos de virus y de bacterias. No se han realizado suficientes estudios que permitan conocer los posibles efectos sobre la salud humana del consumo de los alimentos que contienen estos genes provenientes de microorganismos.

Adicionalmente, en la construcción de plantas transgénicas no todas las células a las cuales se les insertan los nuevos genes son transformadas, puesto que se realiza mediante un procedimiento al azar. Es por ello que en el proceso es necesario utilizar genes «marcadores» que sirven para identificar los casos exitosos. El problema radica en que los cultivos transgénicos que se comercializan masivamente en el mercado poseen genes marcadores que generan resistencia a antibióticos. Estos quedan como desechos en las planta y en los alimentos y existe la probabilidad de que se transfiera la resistencia a antibióticos al organismo que los consume, vía flora intestinal, lo que generaría un problema grave de salud pública, puesto que cuando se necesiten estos antibióticos ya no funcionarían (Ho, 2003). Teniendo en cuenta los cuestionamientos mencionados, la British Medical Association le solicitó a la Unión Europea prohibir el uso de genes de resistencia de antibióticos en la construcción de transgénicos a partir de diciembre de 2004.

En realidad no se han realizado en el mundo estudios completos, sistemáticos, con rigor científico, e independientes, sobre los riegos en la salud de los organismos transgénicos. Existen algunos estudios independientes en Estados Unidos y en Europa, que han llevado a concluir que estos genes extraños podrían generar problemas como alergias, desequilibrios en el sistema inmunológico y mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades, tanto en las personas como en los animales. Varios estudios han mostrado que las toxinas Bt pueden ser alergénicos reales y potenciales para los seres humanos. La prototoxina Cry 1Ac es un inmunógeno sistémico y de las mucosas (Vázquez – Padrón, et al, 1999). También se encontró que una cepa de Bt causó muerte de ratones en ocho horas (Hernández et. al, 1999) y en otros experimentos con ratones se encontró que la toxina Bt lesiones en el íleo parte del intestino (Delgado Cummins & Ho, 2001).

Sin embargo, estos efectos son difíciles de predecir y de evaluar. Por un lado por que la población está consumiendo estos alimentos sin que se realice un seguimiento de sus efectos a través del tiempo; por otro lado, a la industria no le interesa invertir en capacidad técnica o económica para llevar a cabo este tipo de estudios, además la mayoría de los gobiernos no se encuentran en capacidad técnica de realizarlos ni están dispuestos a llevarlos a cabo. 

Debido a que la industria no está asumiendo las evaluaciones de riesgos ni las consecuencias de los posibles daños generados, diferentes sectores de la sociedad civil de todo el mundo han planteado serios cuestionamientos. En la evaluación de riesgos de los organismos transgénicos se ha invertido la carga de la prueba; es decir que quienes tienen que demostrar que estos organismos no son seguros son los consumidores. Esta situación es bastante crítica y agravada por el aval de los gobiernos para eximir a la industria de esta responsabilidad. 

Para el caso de Colombia, es preocupante que el país está importando la mayor parte del maíz para el consumo nacional, sin ejercer ninguna medida de etiquetado o segregación de estos productos. No existe una norma para evaluar la seguridad e inocuidad de los alimentos transgénicos. Adicionalmente, en las solicitudes y evaluaciones de riesgos que se están tramitando ante el Consejo Técnico de Bioseguridad del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, no se considera ningún tipo de evaluaciones de posibles efectos sobre la salud humana y animal de estos cultivos y alimentos.

Para el contexto de Colombia es especialmente importante analizar los impactos socioeconómicos que generaría la introducción de maíz transgénico. Debido a que estos cultivos fueron creados para las condiciones ambientales y socioeconómicas de los países del norte, introducirlos en nuestros países presenta impactos negativos en los sistemas productivos, especialmente en los sistemas de los pequeños agricultores. Estas tecnologías son propiedad de unas pocas empresas transnacionales y las semillas están controladas y protegidas por patentes. Lo cual priva totalmente a los agricultores del control de sus semillas y genera una dependencia a todo el paquete tecnológico (semillas, agroquímicos y mercado) propiedad de las empresas.

Adicionalmente, estas tecnologías están diseñadas para ser aplicadas en grandes extensiones de monocultivos altamente mecanizados, «agricultura sin gente», tal como ha ocurrido en Estados Unidos y en Argentina. Para el caso de Argentina, se ha generado una concentración de la tierra en pocas manos y un desplazamiento masivo de la población rural hacia los cinturones de miseria de las ciudades. Esto ha causado un colapso en la agricultura campesina y graves problemas de seguridad alimentaria. Este sería el espejo más cercano de lo que sucedería en Colombia al adoptar este modelo. ¿Será que necesitamos una agricultura que promueva un desplazamiento mayor al que ya ha generado la guerra?

·  Pérdida de la diversidad agrícola y de la soberanía alimentaria

Una consecuencia adicional que se podría generar con la introducción de cultivos de maíz transgénico en Colombia, es que los agricultores abandonen sus variedades nativas, ante el supuesto argumento de mayor productividad y rentabilidad que ofrecen estos cultivos. Situación que generaría una fuerte pérdida de las semillas criollas y también la pérdida del control de las semillas por parte de los agricultores, causada por exclusión competitiva, tal como ocurrió con las semillas de la revolución verde; y la consecuente entrega de la soberanía alimentaria de nuestros países a las transnacionales.

·  El problema del mercado

Otro problema relacionado con la contaminación genética de las variedades nativas, es que los agricultores orgánicos perderían su estatus de orgánicos y sus variedades serían rechazadas en el mercado alternativo. Adicionalmente las mismas empresas que producen los transgénicos, pretenden ahora apoderarse de la certificación de semillas orgánicas. Esto generaría que los agricultores orgánicos ahora tendrían que pagar para que los certifiquen como tal.

Algunos países y regiones exportadoras de soya y maíz que han logrado mantenerse libres de transgénicos, han obtenido mayor demanda y mejores precios en el mercado internacional, especialmente en Europa. Sin embargo, en la medida en que se pierda la garantía de su seguridad, vía contaminación (como le ha ocurrido a Brasil con la soya RR) o porque los países liberan comercialmente estos cultivos, se pierden estas preferencias en el mercado.

·  El contaminado es quien paga

Uno de los aspectos sociales más críticos relacionados con la contaminación genética, es que los agricultores que tienen cultivos no transgénicos, sean contaminados. Podrían ser demandados por las empresas «dueñas» de estas semillas, las cuales están protegidas por fuertes sistemas de patentes. Las leyes actuales están diseñadas para que los agricultores que tengan involuntariamente estas semillas en sus parcelas, puedan ser demandados por la empresa dueña de esta tecnología y tengan que pagar por «el robo» de los derechos de propiedad de éstas e incluso podrían ir a la cárcel. Esto ya le sucedió a un agricultor canadiense de canola.

Para el caso de Colombia, esta situación sería dramática porque el maíz transgénico que se pretende introducir, se establecería en las zonas de mayor producción de maíz, especialmente en la región Caribe y en las zonas de producción agroindustrial de Tolima, Valle del Cauca y el piedemonte llanero. El problema sería que alrededor de estos cultivos están asentadas numerosas poblaciones locales que tienen al maíz como uno de sus cultivos fundamentales y conservan sus variedades criollas. Por ello, inevitablemente sus parcelas serían contaminadas y estarían sujetos a que las empresas dueñas de estos maíces puedan demandarlos por el uso ilegal de sus tecnologías.

 

Con el TLC los transgénicos no se podrían controlar

En Colombia esta situación llegaría al límite de lo increíble, especialmente si se firma el Tratado de Libre Comercio, TLC, que algunos países andinos pretenden suscribir próximamente con Estados Unidos. Dentro de las cláusulas que Estados Unidos considera no negociable, se encuentra la adopción de normas sobre propiedad intelectual, que incluyan patentes sin límites y sin exclusiones. Esta situación, le permitiría a las transnacionales el control de todo tipo de recursos genéticos y de las tecnologías asociadas a ellos. El TLC también obligaría a que los países firmantes no puedan oponerse a la introducción de organismos transgénicos e incluso no podrían hacer monitoreo de éstos en el territorio Nacional. Es decir, el Protocolo de Cartagena y la débil norma nacional de bioseguridad se convertirían en piezas de museo. Además el TLC sería la estocada final del sector agropecuario del país y especialmente para los pequeños agricultores, porque sería totalmente insostenible competir con la invasión de productos de Estados Unidos altamente subsidiados. Luego de firmar el TLC, en Colombia va a pasar exactamente lo mismo que pasó en México con el maíz una vez suscribió el TLC. México ha sido obligado a importar masivamente este cereal de Estados Unidos, haciendo colapsar la producción de los pequeños productores nacionales (GRAIN, 2004).

 

Conclusión

La información presentada en este documento evidencia los enormes riesgos e impactos que se generarían en Colombia con la introducción de cultivos, alimentos y productos derivados de maíz transgénico, especialmente los efectos ambientales, socio-económicos, sobre la salud y en general sobre la soberanía alimentaria del país.

Colombia, es uno de los países que posee mayor diversidad de maíz, tanto en la variabilidad genética como en la expresión cultural alrededor de su cultivo. Es por ello que si el gobierno toma la decisión de introducir maíz transgénico al país, esta enorme diversidad tendría un alto riesgo de contaminación genética. Además, se debe tener en cuenta que el país no cuenta con la suficiente capacidad técnica y científica en materia de bioseguridad. Tampoco existe una adecuada y fuerte normatividad jurídica que permita garantizar el uso seguro de estas tecnologías.

La cantidad de evidencias científicas que se han presentado en diferentes regiones del mundo, han mostrado los efectos perjudiciales de estas tecnologías tanto en el ámbito ambiental, tecnológico, productivo y socioeconómico como en la salud. Deberían ser suficientes argumentos para que el gobierno de Colombia, declare al territorio nacional «libre de transgénicos», basado en la aplicación del Principio de Precaución. Especialmente, se deberían tomar medidas para proteger al maíz, tanto por ser un patrimonio genético importante del país, como por ser uno de los cultivos fundamentales de la mayoría de los agricultores.

Diferentes sectores de la sociedad, incluyendo a las comunidades indígenas, negras y campesinas como también al movimiento ambientalista y las organizaciones sociales que promueven los sistemas de producción sostenibles con enfoque agroecológico, tienen una posición crítica sobre los cultivos y alimentos transgénicos y su trabajo está orientado en gran medida hacia una agricultura y alimentación libre de transgénicos. Es así como desde los diferentes sectores sociales se están promoviendo campañas y acciones que han permitido la sensibilización y la difusión de información sobre este tema hacia la población rural, los consumidores y los académicos. De otra parte, se están adelantando acciones judiciales que buscan que el gobierno nacional adopte las medidas de control y de seguridad por el uso de estas tecnologías. También han buscado que en el país, la toma de decisiones concerniente a los productos transgénicos tenga en cuenta a todos los sectores de la sociedad que están involucrados.

Para lograr el objetivo planteado por los diversos movimientos sociales que quisieran que Colombia sea un país «libre de transgénicos», se debería adoptar la combinación de múltiples estrategias que permitan el acceso a información veraz y completa sobre los cultivos y alimentos transgénicos, de tal forma que los ciudadanos tengan elementos suficientes para decidir libremente sobre si aceptan o no estas tecnologías y productos.

Para el caso del maíz, las organizaciones indígenas Zenú, que hacen parte del resguardo de San Andrés de Sotavento, ubicadas en los departamentos de Córdoba y Sucre, quienes poseen una de las culturas más importantes alrededor del maíz en el país (ver «Los maíces criollos y la soberanía alimentaria en la región Caribe, RECAR»). Estas organizaciones frente a la fuerte amenaza que representa el maíz transgénico para su cultura y sus sistemas productivos, han decidido promover una campaña en defensa del maíz, la cual se fundamenta en aspectos como:

·         El rechazo a la privatización y patentamiento de todas las formas de vida y el rechazo al TLC.

·         El rechazo a la introducción de semillas y alimentos transgénicos en Colombia y especialmente del maíz en la región Caribe.

·         Buscar que el Gobierno nacional detenga la importación e introducción de maíz transgénico en el país y promueva los sistemas de producción de maíz basados en la producción agroecológica.

·         Exigir que las autoridades competentes en el ámbito regional y nacional, establezcan mecanismos de control para evitar que el maíz transgénico llegue a sus territorios.

·         Adelantar acciones que conlleven la defensa y recuperación de los recursos genéticos, sistemas productivos tradicionales y la recuperación de la soberanía alimentaria.

·         Establecer estrategias y medidas de control mediante un reglamento interno del Resguardo Indígena Zenú, relacionadas con la introducción de semillas y alimentos transgénicos, en sus territorios, manejadas por las comunidades a través de sus autoridades, de los cabildos locales y regionales.

·         Adelantar actividades de capacitación y difusión de información, dirigidas a las comunidades y organizaciones, sobre estos temas.

·         Establecer alianzas estratégicas con diferentes sectores de la sociedad para promover campañas y acciones que permitan evitar la introducción de cultivos y alimentos transgénicos en el territorio Zenú y en general, en el país.

 

Bibliografía

·         Cummins, J., & Ho, M., 2001. Bt is toxic. ISIS News 7/8, 1474-1547. www.isis.org.uk

·         Deepak, S., Flores , S., Stotzky, G., 1999. Insecticida toxin in root exudates from Bt corn. Nature, Vol 402. 

·         GRAIN, 2004. La enfermedad del momento, trataditis aguditis. Mitos y consecuencias de los tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos. GRAIN, 12p

·         Hernández, E., Ramisse, F., Cruel, T., Le Vagueresse, R., & Caballo, J., 1999. Bacillus thuringiensis serotype H34 isolated from human and insecticidal strains serotypes 3ª 3b and H14 can leadto death of inmunocompetent mice afear pulmonary infection. FEMS Inmunology and Medical Microbiology. 24: 43-47.

·         Ho, M., y Li, L., 2003. En defensa de un mundo sustentable sin transgénicos. Grupo de Ciencia Independiente, Londres. 186p.

·         Pengue, W., 2003. Glifosato: Dominación y Guerra. Revista Biodiversidad 37: 1-7p, julio.

·         Vázquez, P., Moreno, L., Neri, L., De la Riva, G., & López, R., 1999.

·         Intragastric and intraperitoneal administration of Cry 1Ac protein from Bacillus thuringiensis induce systemic and mucosal antibody responses in mice. Life of Science. 64: 1897-1912

·         Xue, D., 2002. A summary of research of environmental impacts of Bt Cotton in China. Greenpeace, june 2002.

Publicado en Enero 19 de 2005| Compartir
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